A modo de renovación y reutilización del blog, después de un largo período de descanso, inicio esta nueva etapa recomendándoos un ensayo sobre el emperador Carlos V.

La versión que yo he estado utilizando, como complemento de la asignatura de Historia Moderna de la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Salamanca (USAL), es la de la editorial Austral en su edición bolsillo.

SOBRE EL AUTOR.

Manuel Fernández Álvarez

Manuel Fernández Álvarez fue un historiador y divulgador español, miembro de la Real Academia de Historia, profesor emérito de la USAL y del Colegio Libre de Eméritos.

Fernández Álvarez es conocido por sus estudios sobre la Edad Moderna y por su dedicación, durante más de cincuenta años, a la investigación de la época del emperador Carlos V cuyos frutos se vieron reflejados en la publicación de su obra magna Carlos V, el césar y el hombre. También es autor de títulos como Felipe II y su tiempo, y Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas.

En el año 1976 fundó el Colegio Universitario de Zamora y durante veintidós años fue Director del Departamento de Historia Moderna de la USAL, donde formó una de las principales escuelas de modernistas hispanos.

EL LIBRO.

Portada del libro

Sinopsis.

“Carlos V, el Emperador, es, sin duda, uno de los personajes históricos que más reclaman la atención tanto de los historiadores como del gran público. Su figura emblemática en una Europa única y distinta, sus gestas bélicas, su actividad como estadista e incluso su vida personal han sido motivo de numerosos estudios. […] En Carlos V. Un hombre para Europa, Fernández Álvarez, traza una biografía llena de vida, que contempla todas las facetas del hombre y del político y le hace convivir con otros tantos personajes de sobra conocidos por el lector. De esta forma, el autor logra introducirnos en una de las etapas más fascinantes de la historia europea.”

El Contenido.

El libro está dividido en tres partes que a su vez se subdividen en tres o cuatro capítulos según el desarrollo y la complejidad de los acontecimientos a redactar.

Tal y como se muestra en la sinopsis, el autor emplea una narrativa sencilla, fácil de comprender y concisa, entrelazando los hechos históricos con la justificación de su discurso a través de la introducción de las citas de los cronistas de la época o de las cartas escritas por puño y letra del emperador.

Díptico siglo XVI que representa los hijos de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos I es el segundo por la izquierda

Díptico siglo XVI que representa los hijos de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos I es el segundo por la izquierda

Así pues, durante el desarrollo del primer episodio del libro, el autor describe, el marco social, económico y político en el que el infante Carlos nace y se desarrolla. De igual modo, delinea el contorno de su figura, presentándonos una evolución gradual de sus intereses personales, para con los reinos heredaros y su ambición para con la candidatura al imperio, siempre rodeado del aura de su consejeros y protectores bajo los cuales delega diferentes funciones.

Un ejemplo del futuro devenir que recaerá sobre el joven infante es la exclamación profética de la reina Isabel la Católica al enterarse del nacimiento de su nieto, en el día de San Matías: “¡Éste será el que se lleve las suertes!”.

Otro hecho importante que nos dice la trascendencia de la familia del niño y su futura herencia es que : “[…] Así los honores empezaron a caer sobe el recién nacido. […] En su primer año de edad, su padre le arma caballero de la Orden del Toisón de Oro. […] así mismo le cede el título de duque de Luxemburgo. […]”

En la segunda parte del ensayo, el autor nos muestra la gran capacidad política con la que el emperador rige el gobierno de los reinos que forman el imperio. No sólo consigue aplacar cada una de las revueltas, sublevaciones y declaraciones de guerra, sino que además, cumple con uno de los principales cometidos de su candidatura, y es que, durante este período, intentará, por todos los medios, conseguir la paz entre los reinos cristianos.

Para dar soporte a lo anteriormente narrado he aquí una muestra de la conciencia del emperador sobre su actuación para con la cristiandad: “Él era el brazo defensor de la cristiandad contra sus enemigos externos e internos; el más peligroso de los internos, si es que había de hacer caso a los teólogos, era el hereje (Solimán el Magnífico-El Turco).”

Tal y como muestra el autor durante la evolución de la tercera parte, el desarrollo de las relaciones con Francia y el deseo de cumplir sus funciones como emperador, suponen la excusa perfecta para que Carlos se alce, por encima de sus enemigos, como un emperador poderoso, pero a la vez justo. Consciente de que la enemistad con el soberano francés mengua sus oportunidades, inicia una serie de acercamientos que concluirán con la firma de la deseada paz en el Concilio de Trento.

carlos_v

Carlos V.

En la cuarta y última parte, el autor intenta plasmar el periodo final de la soberanía del emperador en Alemania y España y la evolución de sus memorias en su enclaustramiento en el monasterio de Yuste, donde hará un balance de su vida.

Tags:

En el artículo anterior nos quedamos con un modelo relativamente inconsistente de una tierra plana, y en este continuaremos hacia la tierra esférica. También tengo que decir, que había más modelos de los citados, y, de entre ellos, rescataré uno para hilarlo hoy con la tierra esférica, y no es otro que una Tierra redonda.

Ya Hecateo de Mileno hacia el 500 a.C., que fue uno de los que pensaba que el planeta era redondo  (que no esférico, ojo) estimó su radio en unos 4.000 Km como máximo, pero, ¿esto es mucho o poco? Para poder comparar, el radio medio que posee la Tierra ronda los 6371 Km; recordemos que nuestro planeta no es exactamente esférico, de ahí que hable de radio medio. Es decir, se había quedado corto, pero estaba dando resultados del mismo orden de magnitud.

Sin embargo, para una persona que fuese lo suficientemente despierta y fuese observadora, un modelo de la Tierra plana no le encajaría, y las razones son simples: Si fuese plana, las estrellas se verían prácticamente igual desde cualquier punto, sin embargo, si viajabas de norte a sur, podías ver como algunas estrellas desaparecían por el norte y otras aparecían por el sur. Aunque esto simplemente se explicaría admitiendo una cierta curvatura norte-sur. La existencia de esa misma curvatura en sentido Este-Oeste queda enmascarada por el propio movimiento rotacional del planeta. En este sentido, el primero en sugerir que nuestro planeta tenía forma de cilindro fue Anaximandro de Mileto (611-546 a. C.)

Eclipse lunar del 20 de enero de 2000. Fuente: NASA.

Pero este modelo cilíndrico tampoco es suficiente, ya que si nuestra querida persona despierta, observase como se alejaba un barco, y suponiéndole una buena vista, vería como dicha nave iría reduciéndose de tamaño hasta que en un punto, desaparecería, antes de ser un punto infinitesimal, siendo lo primero que desaparece el casco, y tras él, las velas, como si el barco descendiese por una colina.

Otra razón que le molestaría a nuestra persona observadora, se muestra en los eclipses lunares, y, además, hace intuir que nuestro planeta es esférico. Para que se pueda entender algo mejor, un eclipse lunar se produce cuando nuestro satélite atraviesa la zona donde se proyecta la sombra de la Tierra, y por ello se oscurece; esta explicación ya la conocían los astrónomos griegos. Y estos eclipses siempre tenían forma circular, independientemente de las posiciones de la Luna y el Sol. El primer filósofo del que tenemos noticias que sugirió este modelo, fue Filolao de Tarento, hacia el 450 a.C.

Este modelo acabó de una vez por todas con los problemas relativos al “fin” del planeta, ya que una superficie esférica tiene un tamaño finito que no posee ni inicio ni final.

Aproximadamente un siglo después de Filolao, otro filósofo hizo un compendio de las consecuencias derivadas de la esfericidad de la Tierra, y este filósofo no es otro que Aristóteles de Estagira, alumno de Platón.

Dos de las ideas principales de este compendio son las siguientes: Supongamos que “abajo” no señala otra cosa que la dirección y sentido relativos al lugar donde te encuentres que apunta hacia el centro de la Tierra, en vez de una dirección y sentido fijos, esto haría que ningún objeto cayera fuera del planeta; además, la Tierra tampoco podría desplomarse, pues ya ha caído el máximo posible.

Esta idea fue tan satisfactoria,  tan exenta de paradojas, que fue aceptada aún en ausencia de pruebas directas. La primera prueba obtenida vino de la mano de Fernando de Magallanes, como vimos en el artículo anterior, Las dimensiones del Universo parte I: La tierra plana.

La segunda prueba, ya concluyente llegó en la década de los 40, cuando se logró lanzar cohetes a suficiente altura para fotografiar bastas extensiones terráqueas, y estas fotografías mostraron, de modo visible, la curvatura de nuestro planeta.

Una vez establecida una tierra esférica, la siguiente pregunta lógica que se hace una persona es ¿cuán grande es? Pues bien, su tamaño tendría ser grande pero no enorme por dos razones: Porque si fuese demasiado grande, los barcos no desaparecerían rápidamente en el horizonte, y además, en los eclipses lunares, se observaría más una línea recta que una circunferencia.

Una primera aproximación la dieron los geógrafos griegos hacia el año 250 a.C., acotando el tamaño inferiormente, con los conocimientos de las tierras que tenían: sabían que un confín se encontraba algo más allá del estrecho de Gibraltar, y el otro conocido estaba en la India, pero también sabían que si recorrías esa distancia no volvías al punto de partida, por tanto, tendría que ser más grande. La distancia máxima que dieron entre estos dos confines fue de 9.600 Km, es decir, el perímetro tenía que ser superior a este tamaño.

Península Ibérica. Puede observarse la curvatura de la Tierra. Fuente: NASA

La primera persona en proponer una respuesta basada en la observación fue Eratóstenes de Cirene (276-196 a.C.). Este filósofo sabía que en el solsticio de verano, exactamente a medio día, que es cuando el Sol está más al Cénit, en Syene, actualmente Asuán, en Egipto, ningún cuerpo proyectaba sombra; por otro lado, en Alejandría, ese mismo día y a la misma hora, sí había sombras, es decir, que el Sol pasaba justamente por el cenit de Syene y no por el de Alejandría. Por tanto, midió la longitud de la sombra de un palo que conocía su tamaño, y aplicando trigonometría básica, calculó el ángulo con el que el Sol incidía en Alejandría, que resultó ser de unos 7 grados. Una vez tenido este ángulo, y sabiendo que ambas ciudades estaban a unos 800 Km en línea recta, sale una circunferencia (un perímetro) de 40.000 Km, esto es un radio de 6366 Km, es decir, ¡sólo 5 Km de error con el radio medio medido actualmente!

Sin embargo, a los griegos les parecía un tamaño demasiado grande, y más tarde, astrónomos repitieron las observaciones obteniendo cifras bastante más pequeñas, con un radio de 4550 Km, tamaño parecido al que Hecateo le dio a su Tierra plana y circular. Estas cifras fueron aceptadas sin pensarlo dos veces, y se mantuvieron a lo largo de toda la Edad Media, tanto, que Colón las usó para intentar llegar a la India por la ruta Occidental, aunque estaba equivocado con su previsión, finalmente tuvo éxito al encontrar un Nuevo Mundo: Las Américas.

Finalmente en 1522, a la llegada del único barco superviviente de la expedición de Magallanes, quedó establecido de una vez, y para siempre (salvo “pequeñas” correcciones), el radio de nuestro planeta, dando la razón a Eratóstenes.

Tags: ,

En estos últimos años, en los círculos científicos, se está hablando mucho sobre las dimensiones del universo, si se expande o se contrae, hasta el punto de que el último premio Nobel de física, fue para Saul Perlmutter, Brian P. Schmidt y Adam G. Riess, por el descubrimiento de la expansión acelerada del universo mediante la observación de supernovas distantes. Realmente es un tema muy complejo, y que, además, se escapa del tema principal de este blog. Sin embargo, sí quiero hacer un guiño a la astronomía en general, y en particular a la búsqueda de los límites del universo, explicando someramente como ha ido evolucionando esa frontera desde la Época Clásica.

Ilustración del fin de la tierra. Por GraceOris.

Está claro que cada cultura y cada pueblo tenía en su mitología, más o menos de una forma desarrollada, el origen del Universo, tema que, además de ser extremadamente interesante, es tremendamente extenso por la cantidad de mitologías distintas que ha habido a lo largo de la historia, y que algunas aún siguen estando vigentes. Por este motivo, pasaremos de largo por la creación del Universo, y nos centraremos, como dije anteriormente, en la evolución de las fronteras, desde un punto de vista algo más científico, y, en su defecto, filosófico.

Pese a la evolución del pensamiento científico en este campo, para muchas personas en este mundo, su universo se componía, y se compone, principalmente de su pueblo, del que prácticamente no salen, salvo en algunas excepciones que visitan las poblaciones cercanas. Imaginemos a una persona sencilla que se dedicaba a la labranza, y que vivió en Béjar, un pueblo relativamente pequeño de la actual Castilla y León, por citar una zona central de España, hacia el 1640, que fue una de las épocas de mayor apogeo del Imperio Español; y ahora, tratemos de imaginar como le explicaríamos que, por ejemplo, Filipinas, está a unos 11.800 Km en línea recta, sin tener en cuenta accidentes geográficos, sabiendo que Salamanca está aproximadamente a unos 65 Km teniendo en cuenta las mismas características.

Volviendo al tema que nos atañe, ningún hombre de la Grecia Clásica llegó al fin de la tierra, por muy lejos que viajase, seguramente más por falta de medios que por falta de empeño, pero parecía ser que la Tierra era plana, y esta idea estaba ampliamente aceptada en la época. Ello planteaba una pregunta muy desconcertante, y era, básicamente, si la tierra tenía o no fin. Como ya sabemos sobradamente, a los griegos, que algo fuese infinito, les molestaba bastante.

Atlas sujetando el mundo. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Ahora, si aceptamos que la Tierra es finita, habría que preguntarse qué pasaría si un hombre o una mujer se asomasen por el, llamémoslo, precipicio, y cayese en él. Para salvaguardar parcialmente esa espinosa cuestión suponiendo que toda la tierra firme está rodeada por océanos, cosa que en realidad sucede, y sólo podrías caer por el precipicio si fletases un barco y navegases océano adentro hasta mucho después de dejar de ver tierra firme. Ésta idea ha aterrado durante siglos a los marineros hasta pasada la expedición que inició Fernando de Magallanes en 1517 para circunnavegar la Tierra, y terminó Juan Sebastián Elcano en 1522.

Sin embargo, ahora aparece otra cuestión igualmente intrigante: si la Tierra era finita, y la tierra firme estaba rodeada por los océanos, ¿qué impedía que se vaciasen estos últimos? La posible solución que se dio fue que el cielo era una coraza resistente que descendía hasta unirse con la Tierra por todas partes.

Ya tenemos un modelo, pero… ¿Qué forma tendría? ¿Sería un círculo? ¿Un triángulo? Para responder a esta pregunta tenemos que volver la mirada hacia las primeras civilizaciones, que se desarrollaron en los ríos Nilo, Éufrates, Tigris e Indo, en orden oeste-este, a lo que hay que añadir que el Mediterráneo se extiende de Levante a Poniente. Es decir, se conocía más terreno a lo ancho que a lo alto, y por tanto, pensaban que la forma más lógica era la rectangular.

Podría parecer que con este modelo, se tenían todas las partes bien atadas, pero nada más lejos de la realidad, ya que, si cuando sueltas un objeto cae hacia abajo, ¿por qué no ocurría lo mismo con la tierra? Ante esta nueva pregunta había dos posibles respuestas, la primera, muy incómoda para los griegos, era que la tierra se extendía infinitamente hacia abajo, la segunda, es que tenía fin y era soportada por algún elemento. En la mitología griega, Atlas era el encargado de sujetarlo, ¿pero sobre qué se apoyaba Atlas? Para los Hindúes, la Tierra era sostenida por cuatro columnas, que a su vez se apoyaban en cuatro elefantes, que a su vez se apoyaban en una tortuga gigante, que a su vez… En resumidas cuentas, volvemos a estar igual que al principio.

Tags: ,

Página 1 de 3012345...102030...Última »

Tenda de mobles lerida