Esta antigua ciudad cordobesa fue mandada a construir por el octavo emir y primer califa Abd ar-Rahman ibn Muhammad, más conocido como Abderramán III, an-Nāṣir li-dīn Allah, cuyo significado es “aquel que hace triunfar la religión de Alah”. La motivación que le impulsó a edificarla fue que echó en falta una ciudad palaciega para poder estar al mismo nivel que el resto de Califatos, pues en todos ellos había una en la que centralizaban todo el poder. Además, los califas tenían por costumbre fundar una ciudad durante su mandato, para hacer alarde de su poder ante sus potenciales enemigos.
También es cierto que hay una leyenda que cuenta que la fundación de dicha medina estaba relacionada con la favorita del califa, Al-Zahra, que le sugirió que fundase una ciudad en su nombre. Pero antes, sin embargo, habría que mirar el significado del nombre de “al-Zahra”, que no es más que “La Resplandeciente”, y que podría atribuirse, simplemente, a la arquitectura de la nueva ciudad más que a una favorita.
Sin embargo, duró menos de una centuria esta esplendorosa cuidad, desde que fuese mandada a construir, y de los cuales, unos cuarenta años tardaron en construirla, pese que a los once años fuese trasladada la corte a la protección de sus muros. La razón de que durase tan poco tiempo es debido a que fue reducida a escombros durante la guerra civil del año 1010 que derrocó el califato, arrasando así la que fuese considerada como la ciudad más bella de Occidente.
Como remate final a esta desdichada ciudad, sus restos fueron utilizados como cantera artificial para la construcción de otros edificios, hasta que cayó en el olvido.



