Posts con el Tag ‘Cátaros’

14
Jun

Generalidades de las Cruzadas

   Escrito por: Etre    in Edad Media

Cuando pensamos en las cruzadas, nos pueden venir a la mente las más épicas historias caballerescas, con personajes llenos de valentía, honrados, fuertes e inteligentes. Pero nada está más lejos de la realidad, o al menos en parte, que esa idea.

Batalla

En este artículo, intentaré dar una idea general de los antecedentes comunes a todas las cruzadas e ideas generales, dejando para posteriores artículos un análisis más pormenorizado de algunas de las más importantes.

Inicialmente, las cruzadas fueron campañas militares con el fin de (re)conquistar territorios de peregrinación en Tierra Santa, aunque posteriormente, se refería con Cruzada, cualquier movimiento militar que contase con la bendición papal, y no sólo contra territorio musulmán, sino también contra paganos, judíos, herejes, como por ejemplo los cátaros o cristianos Ortodoxos. Las últimas guerras que se tildaron de cruzadas, y digo tildar, porque no están ampliamente aceptadas fueron la Guerra Civil Española, o la invasión de Malta a manos de Napoleón Bonaparte.

¿Por qué la Guerra Civil Española? No es mi intención entrar en la discusión de que si esta guerra fue o no una Cruzada, de hecho, sólo expondré una de las razones por las que algunas personas, a su entender, lo consideran y otra de las razones, por la que otras no consideran que fuese Cruzada: Bien es cierto, que la Guerra Civil Española comenzó puramente por motivos políticos, pero pronto tomó un tinte religioso, ya que algunos de los defensores de la República de ideología más extrema, quemaron iglesias y conventos y mataron a muchos clérigos. Por contra, parte de los republicanos también eran católicos, por ejemplo, el PNV. Si sumamos a ello la proximidad temporal que hay, hablando en términos históricos, por supuesto, hace que haya una falta de objetividad para tratar el tema.

Sin embargo, la Primera Cruzada no fue la primera guerra “santa”, puesto que unos años antes, ya durante el papado de Alejandro II, se predicaron guerras contra el mundo musulmán en dos ocasiones: La primera durante la guerra de conquista de sicilia a manos de los normandos, entre 1061 y 1091, y la segunda, durante la Reconquista Española, en la batalla de Barbastro, 1064, ofreciendo, en ambos casos la Indulgencia a cualquier cristiano que participase en alguna de las dos dos campañas.

Centrémonos ahora en los antecedentes de la primera Cruzada: Se predicó en el Concilio de Clermont, en 1095, por el Papa Urbano II, tras la toma de Jerusalem por los seyúlcidas casi 20 años antes y las peticiones de ayuda por parte del emperador bizantino Alejo I. Sin embargo, no fueron sólo razones religiosas por las que se emprendió la campaña, ya que pensaron que serviría para destensar las relaciones entre Roma y Constantinopla. Además, elevaría el prestigio papal ante los emperadores germánicos, y trasladaría las guerras de poderes que asolaban Europa a manos de los nobles cristianos, o al menos, temporalmente, a Tierra Santa, en una guerra “justa” y “santa”.

En total hubieron ocho cruzadas en Tierra Santa, en las que todas, exceptuando la primera, terminaron en derrota cristiana. Ya expondré más detalles sobre ellas en futuros artículos, pues el objetivo del actual, es tener una idea general de las Cruzadas.

Cruz de la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.

Otras dos Cruzadas contra el mundo musulmán fueron la cruzada iniciada en 1396 por Segismundo de Hungría, cuyo objetivo no era más que  asediar y tomar la ciudad griega de Nicópolis, que estaba bajo control otomano, pero terminó en una grabe derrota, pues sólo consiguieron consolidar la frontera del Imperio Otomano con el Reino de Hungría. La otra Cruzada fue la Reconquista Española, concretamente algunas campañas finales, más como método de recaudación usando por ejemplo las Bulas de la Santa Cruzada, que como petición de ayuda al resto de reinos cristianos.

También estuvieron las cruzadas bálticas, cuyo objetivo principal fueron los pueblos paganos al noreste de Europa, aunque también ocuparon parte de territorios cristianos Ortodoxos. Esta cruzada fue convocada por el papa Celestino III en 1193, y comandadas por la Orden Teutónica, la orden Livonia y los reyes de Suecia y Dinamarca.

Por último citaré la Cruzada contra los cátaros, iniciada por el papa Inocencio III con apoyo el rey de Francia, más por política que por religión, pues los cátaros eran cristianos que predicaban la caridad y la austeridad con el ejemplo, rechazando y denunciando el modo de vida lujoso que llevaba el clero tradicional.

Para terminar, y como conclusión, se puede observar un común denominador entre todas y tan variadas cruzadas: ya por encima de la religión, el fin de todas ellas, fue hacer más influyente la figura del Papa en concreto, y del clero en general, en los reinos cristianos durante el paso del tiempo.

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17
Mar

Origen de la leyenda del Santo Grial

   Escrito por: Etre    in Edad Antigua, Edad Media

Ayer mencionamos el Santo Grial, pero, ¿qué es el Santo Grial? ¿Cuál es su origen? A estas preguntas son a las que intentaré dar respuesta el día de hoy.

La leyenda del Grial es un compendio de mitos y creencias paganas, entendiéndose como pagano extraño al Cristianismo, heredadas de la antigüedad. También sabemos, que el Grial adopta diversas formas, entre ellas: bandeja, piedra, copa, caldero, mesa o incluso piedras preciosas.

Posiblemente la primera representación del Grial fuese herencia de los culos matriarcales, en los que se representaba la bóveda celeste como un cuenco invertido, que viene a ser la matriz de la creación, aquello que contiene y preserva. Por ello aparece en una gran multitud de ritos y mitos antiguos, que incluso algunos fueron adoptados en creencias cristianas.

En la mitología celta, es un caldero en el que se renace, o que alimenta de forma inagotable a los guerreros, al igual que el cuerno de la abundancia de otras mitologías. Los griegos adoraban la piedra de Crono, al que los romanos llamaban Saturno, en el monte sagrado de Helicón, y los musulmanes adoran otra en la Kaaba de la Meca. En los cultos dionisiacos, se bebía de un vaso sagrado, al igual que en la misteriosa Eleusis. Otros opinan que es una esmeralda de extraordinario tamaño procedente del cielo, que quizá perteneciese a Lucifer antes de su caída. También podría ser el tercer ojo que en la tradición oriental es el que concentra la sabiduría, el conocimiento iniciático y la perfección. Pero en todos hay algo común: es un nexo con lo divino, el conocimiento, y la ascensión a una esfera superior en el que se comprende la creación, y a Dios, en el que el ser humano alcanza su perfección y plenitud espiritual.

El sentido de los mitos griálicos cristianos es un campo de especulación hoy día. Para algunos es un reflejo de un antiguo ritual pagano de culto a la fecundidad: El Rey Pescador sería una especie de Adonis cuya herida acarrea la esterilidad de la tierra. El Grial y la lanza que le precede igualmente son, también, culto a la fecundidad. De todas formas, lo más probable es que no hubiese una intención detrás de las leyendas del Grial, se formaron a partir de las tradiciones irlandesas y galas ayudadas con las influencias orientales.

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16
Mar

Montségur y los cátaros

   Escrito por: Etre    in Edad Media

Durante muchos años, los cátaros que huían de la Inquisición se refugiaron en algunas fortalezas de la zona de Languedoc, al sur de Francia.

De entre todas ellas se hizo especialmente famosa la plaza fuerte de Montségur, que estaba construida sobre una escarpada montaña de casi 1300 metros de altura. Era una posición aparentemente inexpugnable, ya que estaba rodeada de precipicios inaccesibles dados su altura e inclinación.

El castillo había sido reconstruido en seis años, desde 1205, por Raimundo de Blasco, y otros prohombres cátaros, y, desde ese momento se convirtió en un centro espiritual cátaro y, en tiempos de guerra, base militar desde la que partieron acciones muy sonadas, como por ejemplo la del comando que asesinó a los inquisidores de Tolosa en mayo de 1242. Este hecho fue el que terminó con la paciencia de la Iglesia.

En marzo de 1243, Huges de Arcis, senescal de Carcasona, recibió el encargo de acabar con “la cabeza del dragón”. Una numerosa fuerza, cifrada en unos 10.000 hombres, se concentró en torno a a Montségur y estableció sus campamentos a los pies de la montaña.

En principio, los atacantes optaron por un asedio, ya que tomar la fortaleza al asalto era una tarea ardua y difícil dadas las grandes pendientes de la montaña. Además, el asedio tampoco era fácil, ya que los defensores aprovechaban lo escarpado de la montaña para obtener nuevos víveres y efectivos, y por ello, los cruzados decidieron pasar al ataque, a la vez que reforzaban el cerco para cerrar las vías de abastecimiento.

Con la ayuda de un grupo de escaladores vascos, y por supuesto, con mucho esfuerzo. consiguieron armar un trebuquete, comúnmente conocido como lanza-piedras. Acto seguido empezaron a bombardear el interior de la fortaleza, que estaba poblada de barracones dado lo exiguo del recinto.

La rendición, por tanto, era inevitable. Unos días antes de que se produjese, Pierre Roger de Mirepoix y un grupo de dignatarios cátaros abandonaron el lugar y se arriesgaron a atravesar las líneas enemigas para poner a salvo el tesoro cátaro, que para unos eran una gran cantidad de monedas y piedras preciosas, y para otros se trataba del Sant Grial, el Santo Grial.

Los términos de la rendición fueron: Los sitiados entregaban el castillo al rey de Francia y a cambio eran perdonados con leves penitencias. En cuanto a los herejes, también podían beneficiarse del indulto si abjuraban de su error en público. Una vez cumplido el plazo, el senescal del rey ocupó la fortaleza. Doscientos quince cátaros, de ambos sexos, se negaron a abandonar su religión y fueron quemados en el llano que desde entonces se conoce como el Campo de los Quemados.

La perdida de Montségur no significó la cancelación de la herejía cátara, ya que aún quedaron comunidades esparcidas por toda Francia, que, incluso poseían castillos y cuevas fortificadas, aunque otros habían emigrado a España. Sin embargo, ante la gran presión de la Iglesia, y el miedo que tenían a ser descubiertos y aniquilados, fue la razón por la que el movimiento fue languideciendo hasta extinguirse a finales del siglo.

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